PARIS FASHION WEEK Pt. 1

 Fotografía por Lucie Ros para Dazed Digital

Fotografía por Lucie Ros para Dazed Digital

Por Daniel Zepeda

En medio de un clima político colmado de ansiedades sobre la condición social y económica,  es ineludible rechazar la idea de que la cultura contemporánea es arraigadamente nostálgica per se. Sin embargo, el idealismo de coexistir aislados de las problemáticas que afectan a dicha condición se ve derrumbado por el intento inconsciente de luchar contra ellas, proyectando ideales subversivos impregnados de tintes irónicos, pero que, francamente, son acertados para el interés de los nuevos mercados de consumo. Como resultado tenemos las voces jóvenes de diseñadores que impulsan y proyectan nostalgia a través de revivals estéticos y conceptos de protesta.

 

BALENCIAGA

Si algo ha quedado claro en los últimos años, es la habilidad de Demna Gvasalia para entender el actual mercado de lujo en el consumo joven y cómo éste puede ser conmocionado con uso de la nostalgia colectiva cultural y los tintes irónicos de la misma. No hace falta saber lo que pasa en su mente, sólo basta con observar sus colecciones satisfactorias que proyectan comentarios subversivos a través de las prendas arquetípicas que son honestas a sus ideales narrativos sobre la contemporaneidad. Gvasalia, más allá de conservar el legado de prendas arquitectónicas que ha dejado Cristóbal Balenciaga, ha transformado los códigos visuales de la marca en elementos analíticos, pragmáticos y antropológicos, que revelan sutilmente su acertado talento para crear colecciones con tintes de protesta al actual modelo social.

COURRÈGES

Desde su debut bajo la dirección creativa de la marca homónima de André Courrèges, Sébastien Meyer y Arnaud Vaillant, plantearon un desarrollo creativo centrado en piezas, el cual se basa en el enfoque de prendas individuales y no en looks completos. Es por ello, que su actual colección de otoño-invierno se redujo a sólo cuatro elementos esenciales:  minifaldas, vestidos arquitectónicos, prendas de punto y chaquetas. La razón nace de la historia de la marca en la que en 1960 dichas piezas se convirtieron en elementos esenciales de ella, sus cortes y materiales acentuaron los tintes futuristas que dominaba en aquél momento histórico, pues éste giraba en torno a los descubrimientos espaciales de la época, convirtiéndose así en el sello estético de Courrèges. La actual colección gira en el ímpetu de crear un himno al revival sesentero que luce fresco en un periodo contemporáneo.

DIOR HOMME

El paradigma de las transiciones en la cotidianidad del vestir siempre han estado presentes, y uno de los más grandes clichés que se encuentra dentro de dicho es el uso de la sastrería como elemento recurrente en el armario masculino. Con la llegada de los millennials a las fuerzas laborales, las costumbres y etiquetas han cambiado de arquetipos formales a otros completamente causales, de ser piezas monótonas de paletas neutras, el actual consumidor se ve alejado de adaptar dicha sobriedad a su vida diaria y demanda piezas versátiles con facilidad de adaptación para diversos momentos del día, los cuales podrían estar muy alejados de un ambiente laboral o formal. Sin embargo para Kris Van Assche, actual director creativo de Dior Homme, este rechazo representa una ventana de posibilidades para la adaptación de una adecuada sastrería para satisfacer las necesidades del hombre actual, ya que ésta no presenta una manera anticuada en la indumentaria, sino una manera de sobresalir sin caer en la vulgaridad. 

Partiendo del New Wave como un estandarte a la oda del coolness en la sastrería de los setentas y principios de los ochentas, Van Assche, generó una colección de piezas impecables que remite a claras referencias del Rave con tintes nostálgicos para aquellos que desarrollaban su adultez a través de los noventas. El resultado es una colección armónica entre la sobriedad y la irreverencia de aquellos que rompen reglas.

LOUIS VUITTON X SUPREME

Si bien ya hemos visto colaboraciones entre puntos distantes con excelentes resultados, Louis Vuitton ha puesto su nombre al juego junto con la marca americana Supreme, convirtiéndose en una de las eventualidades más ansiadas del año. La casa francesa, conocida ya por colaborar con grandes creativos como Takashi Murakami, Yayoi Kusama, Rei Kawakubo y Frank Gehry, por nombrar algunos, ha tomado un giro nuevo y fresco que revela indiscretamente su nuevo consumidor meta. 

Nombrada como “Friends and Heroes”, la colección fue inspirada por la cultura del arte y la fiesta neoyorquina desde los años setentas hasta principios de los noventas. Referencias como Jean-Michel Basquiat, Andy Warhol, Robert Mapplethorpe, Keith Haring, así como Julian Schnaber eran mimetizadas por siluetas fluidas y relajadas, en prendas de punto con hilo matizado, pantalones de corte amplio, chaquetas de aviador, además de piezas de mezclilla que remitían al estilo del Harlem del ochenta y pijamas de seda con gráfica publicitaria de los años treinta reminiscentes del Art Déco tardío que transportaban inconscientemente a ese ambiente que Kim Jones, el director artístico de la línea masculina de Louis Vuitton, buscaba, logrando consumar un perfecto híbrido entre una de las marcas más grandes del streetwear y una de las casas de lujo con mayor presencia global.