La vida a través de la pantalla y el porqué de ella. 

 
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Por Daniela Ponce

A estas alturas seguramente ya se terminaron los stories de luces rojas, moradas y/o azules con cuerpos movidos, gritos y algo que parece ser música en el fondo. Quizá las fotos siguen: imágenes en poses modelezcas mostrando outfits delante de un fondo de gente, o el back de alguna activación de marca, o quizás el escenario de alguno de los conciertos. La edición 20 del Vive Latino terminó, y con él, el bombardeo de material en redes sociales. 

¿Está mal tomar fotos? No. ¿Está mal buscar contenido para tus perfiles? No. ¿Hacerlo todo el tiempo, al grado de vivir en un mundo online, aún estando offline...? Dímelo tú. 

Y si quieres puedes decirme que no, porque es posible que en realidad no esté mal... pues es normal: nos sentimos incitados a compartir una vida en internet, a mostrar lo mejor de ella y plasmar lo que después se convertirá en un recuerdo.... pero, ¿que nos motiva a todo esto?

Dentro de nosotros, está implícita la necesidad de no estar solos: quizás ahora da igual, pero en la época de las cavernas, estar solo significaba la muerte. ¿Cómo ibas a cazar un mamut únicamente con tus manos? ¿O defenderte de un tigre dientes de sable tú solito?, instintivamente sabemos que necesitamos estar rodeados de personas para sobrevivir, y para lograr encajar en un grupo, necesitamos aprobación. 

Ahora, la aprobación viene con la validación y nuestra capacidad de ser relevantes para alguien y/o algo. Años atrás, dicha capacidad de lograr algo estaba directamente relacionada con nuestro poder adquisitivo, sin embargo, con todas las crisis y cambios sociales, tener un capital económico capaz de hacernos relevantes -o mínimo darnos la posibilidad de vivir es un cuarto más grande que el de Cleo- es cada vez más complicado, por lo tanto, reemplazamos dicho capital económico por el capital social, traducido en likes, shares, comentarios y demás, publicando mucho de todo eso que conseguirá que la gente le ponga atención a nuestros perfiles, sea o no reflejo de nuestras vidas, y/o lo que nos gusta, pues ahora es más importante gustarle a otros; y de esa manera creemos ser alguien, al menos digitalmente. 


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Pero, ¿estamos dispuestos a convertirnos en eso que nos dará aprobación externa aún cuando nos nos llene internamente? ¿Es posible distinguir esa línea?, según Nicki Minaj, la respuesta es no: “Si soy falsa no lo notaré, porque mis followers tampoco lo notarán”, ¿la falsedad, junto con muchos otros conceptos se han resignificado en la era digital?


Humberto Eco, poco antes de morir escribió: “Cuando yo era joven, había una diferencia importante entre ser famoso y estar en boca de todos. La mayoría quería ser famoso por ser el mejor deportista o la mejor bailarina, pero nadie quería estar en boca de todos por el ser el cornudo del pueblo o una puta barata. En el futuro esta diferencia ya no existirá: con tal de que alguien nos mire y hable de nosotros, estaremos dispuestos a todo”. El futuro llegó y nuestro cerebro primitivo permanece...

Y permanecerá... hasta que nosotros decidamos cambiarlo, pues si bien somos seres sociales, es nuestra decisión usar lo qué hay a nuestro alrededor para conectar con quienes nos rodean... no necesariamente en lo digital, pues si bien las redes sociales nos han acercado a quienes estaban lejos, también nos ha alejado de los que estaban cerca. 

Entonces... ¿Está mal tomar fotos? No. ¿Está mal buscar contenido para tus perfiles? No. ¿Hacerlo todo el tiempo, al grado de vivir en un mundo online, aún estando offline...? Dímelo tú.