La nueva sinceridad en el arte

 
Ricardo Castro    I will eat your soul   Óleo sobre tela

Ricardo Castro

I will eat your soul

Óleo sobre tela

 

Por Cristina Sandoval

Imágenes cortesía de Galería Pequeños Bribones

Ricardo Castro    Pink racer   Óleo sobre tela

Ricardo Castro

Pink racer

Óleo sobre tela

El arte contemporáneo es un laberinto. Un camino colmado de obstáculos que los artistas deben sortear para conseguir aunque sea un ápice de reconocimiento. Pareciera que las fórmulas ya están dadas: el arte que se debe crear, los círculos sociales que se deben frecuentar, los gestos y ademanes indicados, la etiqueta. Como ya bien lo ha señalado Pablo Helguera de manera satírica con sus tiras cómicas, el arte es un juego social, donde lo artístico, la misma obra, siempre pasa a un segundo plano.

Aunque la crítica a esta condición ineludible del arte contemporáneo ya es vieja (incluyendo la de cierta crítica del arte cuyo nombre ni siquiera mencionaremos aquí), lo cierto es que dicho arte ha caído en un círculo vicioso, donde se privilegian las acciones mecánicas improvisadas y disfrazadas con conceptos elegantes para justificar la estética de su existencia.

Héctor Rodríguez    El encuentro   Acrílico sobre caja de pizza

Héctor Rodríguez

El encuentro

Acrílico sobre caja de pizza

Si bien el arte conceptual del siglo pasado trajo consigo una verdadera revolución que democratizó el acceso privilegiado a la creación artística, lo que hoy vemos es el abuso del concepto, sobre todo el concepto sacado “de la manga” a posteriori para justificar una obra que, muchas veces, no tiene nada qué decir estéticamente. Recordemos que no todo concepto es elevado, ni toda idea es digna de sublimarse.

En este contexto, durante las últimas décadas en México se ha gestado gradualmente un nuevo movimiento que rechaza la hiper-conceptualización del arte, los juegos sociales de su mundo y el mercado en los términos de las galerías consagradas. La “nueva sinceridad” es un movimiento que reivindica la autogestión D.I.Y. de la cultura de la ilustración, la técnica pictórica (no por ella misma, sino como un mero vehículo para la expresión) y, sobre todo, la honestidad del propio artista con su obra.

La nueva sinceridad no será lo más nuevo, pero sí lo más actual. Si bien sus raíces se pueden rastrear en las obras literarias de David Foster Wallace, al igual que en la pintura y la música de Daniel Johnston, lo que vemos en el presente es un grupo disuelto de artistas que se aferran desinteresadamente al arte como el único escape de una realidad carcomida.

Esta nueva manifestación artística de transparencia afectiva podría albergar, y lo digo con cautela, dado que tal vez ellos no lo vean así, a artistas como Marcos Castro y Rubén Gutiérrez, quienes podrían ser considerados como padrinos del movimiento. Así como también a artistas más recientes como Carleti López Traviesa, Diego Beyró (y muchos del bunch de Casa Equis), Andrea Sicsik, Ricardo Castro, Lorenzo Núñez, Michael McGregor, Santiago Grijalva, algunos de los cuales tuvimos la oportunidad de exhibir en Pequeños Bribones (galería).

Adam Chuck    Joan and Frida   Óleo sobre mylar

Adam Chuck

Joan and Frida

Óleo sobre mylar

Son artistas que, desde sus obras mismas, muestran una actitud desenfadada para crear obras, sin fórmulas forzadas y con intenciones cristalinas, haciendo referencias a sus contextos de vida; por ejemplo, la tecnología en el caso de López Traviesa; la música y las B-movies en Castro; el delicado impresionismo de McGregor, o la presentación de personajes oníricos en el caso de Sicsik. Dichos autores tratan de crear mundos donde podamos sentirnos llenos, acogidos, seguros y protegidos del sarcasmo corrosivo y la ironía condescendiente de la época actual.

Ricardo Castro    Ladrón de libros, 2013   Óleo sobre telao

Ricardo Castro

Ladrón de libros, 2013

Óleo sobre telao

Los artistas de la nueva sinceridad han de saber bien que todo arte debe de apelar a la honestidad, que es imperante rechazar la impersonalidad, la artificialidad y el distanciamiento de los creadores y sus obras. El arte no debe de ser sobre-producido ni creado con la finalidad de satisfacer las demandas de nadie más que las de su autor. No requiere de adornos excesivos que se cubran de un halo de narcisismo e inautenticidad. Aquí, las obras de arte deben de hablar por sí solas. No existe una división entre el sentir interno y el externo. Es crear lo que uno quiere crear sin atarlo a las narrativas. Así de simple, así de honesto.

Esta nueva sinceridad nos obliga a mirar hacia atrás, a regresar al momento más genuino de la vida del artista, en la sensación de calor y plenitud que se sobrepone al entramado y frío mundo real.

Es a nosotros a quienes nos toca hacer de los escombros algo bello.