Daniel, the friendly ghost

 

Por Rafael Ruiz

12 de septiembre, 2019

En verdad no creo que haya alguien que pueda mantenerse indiferente ante el personaje principal del documental The devil and Daniel Johnston. Daniel era un chico solitario en un sótano con una grabadora de 59 dólares y mucho qué decir. Hizo más de 200 canciones que comienzan con ruido rosa y terminan con un corazón destrozado, siempre a manos de la misma chica: Laurie.

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¿Quién es esa chica? ¿Cómo es que tiene el poder para mantener nostálgico y atormentado a un genio como Johnston por más de 25 años? Conforme el filme avanza descubrimos que se trata de una chica (intencionalmente) imposible. Y es que un genio como Daniel no necesita más que una cara bonita para crear todo un universo propio de historias de amor.

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La primera vez que vi el documental y entró la primera canción del score, tuve que detenerlo para googlear a Johnston y bajar el disco. No detuve la película hasta que su discografía se descargó por completo. La crudeza de su voz, el seco y burdo estilo de las grabaciones y su muy peculiar manera de armar versos y de adaptarlos a su música hacen que Daniel no sea un artista fácil de escuchar, aunque finalmente es en esa franqueza y obviedad donde se encuentra la frescura de su poesía involuntaria.

Su música es naíf: debido a sus problemas mentales, Johnston se ha mantenido como un chico adolescente hasta los 50 años. Son los mismos miedos que lo atormentan (la soledad, el diablo…), pero también sigue confiando en los mismos héroes que estarán ahí para salvarlo (Casper, el Capitán América). Pero si hay algo que no cambia es el motor de toda su energía creativa, el viejo y tormentoso desamor: Laurie.

Lamentablemente, la vida nos hace duros. Al crecer nos damos cuenta de que jamás volveremos a sentir con la intensidad con la que lo hacíamos cuando éramos niños o adolescentes, y vivimos el resto de nuestras vidas con una nostalgia por esa intensidad sin darnos cuenta.

El documental nos acerca a la insólita sensibilidad de Johnston. Es ese espíritu ingenuo y casero presente en su música lo que nos lleva a recordar cómo fuimos capaces alguna vez de amar trágicamente, sin límites, cómo temimos a los vampiros, cómo fuimos incomprendidos, cómo nos sentimos terriblemente solos.

El documental se construye, en su mayoría, con material de archivos grabados por el propio Daniel y con las voces de quienes lo conocen. El momento más emotivo de la película es cuando vemos a Daniel (en la actualidad) confrontar una imagen de Laurie, por quien sigue teniendo los mismos sentimientos, como si no hubiese pasado el tiempo.

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Daniel sabe que sus problemas mentales eran parte del espectáculo, por eso dejaba de tomar sus medicamentos días antes de las presentaciones, para que la locura fuese auténtica. Él sabía que esa locura e intensidad hablaban de su dolor mejor que él mismo. Johnston pasó de ser un incomprendido en su casa a ser uno de los incomprendidos más famosos en el mundo, cuando MTV decidió darle un espacio en su programación, y Kurt Cobain comenzó a usar su playera con la leyenda Hi, how are you?

Le agradezco a Dios, y tal vez al Diablo, por ello.

Este artículo fue tomado de Pánico No. 0, The Panic Issue, marzo de 2012.