The Politician o el arte de fabricar tecnócratas

 

Por Redacción

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“El fin justifica los medios”, frase albergada en la memoria colectiva, sea utilizada en un contexto político o no. Frase que en el siglo XVI (con Nicolás Maquiavelo) dio inicio a una nueva forma de hacer política, en conjunto con la economía y, por lo tanto, a un nuevo horizonte de relaciones humanas que se desarrollan en paralelo con la producción mercantil. Para nosotros es algo tan “natural” que lo tomamos como presupuesto a la hora de hablar de la “política real”, esa que discurre sobre las mejores estrategias para lograr fines en concreto y hacer feliz a la mayor cantidad de personas posible (utilitarismo).

Payton Hobart, personaje central de la serie.

Payton Hobart, personaje central de la serie.

Así, al escribir “nosotros” me refiero a la sociedad globalizada, esa red enorme de información en la que estamos sumergidos, y donde las limitantes geográficas, las banderas y los patriotismos del siglo pasado quedan ya algo borrosos, según las teorías del sociólogo de la modernidad líquida, Zygmunt Bauman. Dicha virtualidad hace posible que las transacciones, contratos, congresos, etc., tomen un curso distinto que décadas atrás, lo que da como resultado una mayor eficacia al momento de tomar decisiones importantes que afectarán la vida de millones de personas.

El fiel séquito de Payton.

El fiel séquito de Payton.

Y es justo a partir de esta perspectiva de lo político que Ryan Murphy (director/creador de Nip/Tuck, Glee, American Horror Story, etc.) crea The Politician, una serie que se presenta desde el piloto como producto de su tiempo, claro, desde la visión única de Murphy. La trama central gira en torno a la vida de Payton Hobart (interpretado por Ben Platt), un chico norteamericano acomodado que busca desesperadamente una sola cosa: ser presidente de su país. Pero esto no es un sueño de último minuto, sino que se trata de un proyecto de vida para Payton, quien desde temprana edad es un “come-libros” de biografías intelectuales de personajes sobresalientes de la política en Estados Unidos, como Richard Nixon, John F. Kennedy, etc., lo que lo motiva a realizar un esquema perfecto de cómo orientar su vida para lograr su cometido, y uno de los primeros pasos a seguir es ser presidente estudiantil del colegio en su último año como preparatoriano, para después aplicar a la universidad de Harvard.

(SPOILERS a partir de este segmento)

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El perfil psicológico de nuestro protagonista parece fácil de definir en un primer momento, como un obsesivo-compulsivo, e incluso sociópata, que manipula todos los medios posibles (incluidas personas) para alcanzar su propósito. Sin embargo, conforme se desenvuelve la trama y surgen nuevos personajes y problemas observamos que Payton es sólo un eslabón más en la cadena interminable de relaciones humanas surgidas del enajenamiento político, y quien, a la vez, lidia con sus propios problemas existenciales.

Por otro lado, tenemos la participación de actrices como Gwyneth Paltrow y Jessica Lange, la segunda desempeña un papel excelso como una abuela sureña preocupada más por su manicura que por la salud y la vida de su nieta; la primera, como esposa de un magnate (padre adoptivo de Payton) con tendencias new age. Pues resulta que el protagonista es en realidad hijo adoptivo de esta pareja de millonarios, lo que (por si fuera poco) agrega más tensión a la vida de Payton, pues debe ganar el favor de su padre constantemente para ser reconocido como hijo legítimo en el testamento.

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Las diversas ramificaciones que toma la narrativa central de la serie la vuelven todavía más tentadora e interesante, al punto de ver un episodio tras otro hasta recibir la conocida leyenda de Netflix: “¿Sigues ahí?”. ¡Por supuesto!, con este cast tenemos para dos o más temporadas. Así pues, nos convertimos en partícipes de lo que según el nombre de cada capítulo es el ascenso imparable de Payton al mundo de la “política real” o tecnocracia, tendencia o manera de gobernar en boga en los países primermundistas, donde se considera que el mejor gobernante es aquel diplomático que es también el mejor estratega, y que sabe perfecto como combinar, separar, ordenar y mantener una visión siempre clara y racional sobre su proceder, por supuesto, con el sosiego de un Pericles y la determinación de un Julio César.

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No obstante, el suicidio del mejor amigo/amante de Payton en el segundo capítulo da un giro inesperado en su vida, al grado de tergiversar por completo la historia y en vez de contemplar el ascenso de un gobernante vemos la decadencia de un adolescente privilegiado que ha vivido siempre siguiendo un estricto plan, en el cual no estaba considerado el suicidio de su único y verdadero amor. De esta forma podemos apreciar el talento inigualable de Ryan Murphy, quien primero nos pone en bandeja de plata una historia preconcebida para cualquier serie de TV sobre un adolescente blanco ambicioso y después ¡BAM!, nos deja un chico confundido, estresado y agobiado por cada situación en la que se hunde más y más conforme avanza la serie, al punto en el que podemos hasta disfrutar un poquito de su miseria.

A pesar de que el guion es impecable, la serie adolece en cuanto a la continuidad narrativa se refiere, pues las mismas ramificaciones de las que se habló arriba (las cuales no son necesariamente negativas) pueden distraer un poco de la historia central (la de Payton), y también dejar cabos sueltos, como la historia de Infinity Jackson, una niña que supuestamente tiene cáncer y que es usada por Payton como coartada perfecta para ganar las elecciones estudiantiles. Pero esperamos que estos cabos sueltos sean el pretexto perfecto para la segunda temporada, ya que en los últimos episodios de la primera encontramos algunas pistas, como la posible contrincante política de Payton, una senadora progresista que vive en Nueva York. En fin, que esta gran historia que parece ir en reversa hable por sí misma, desde la complejidad psicológica de cada uno de los personajes y el fiel retrato de las ambiciones humanas en el contexto sociopolítico de una nación que fabrica a sus gobernantes, y donde, más allá de educar hombres para guiar a la sociedad, crea a los tecnócratas perfectos que deben lidiar con los tiroteos, las masacres y los crímenes de odio, para lograr un sólo propósito: administrar las relaciones entre economía y política.

No pretendemos hacer más spoilers, así que dejamos el tráiler oficial de The politician: