Los Saicos

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Por: Sergio Orospe

Demolición fue el primer gran éxito de Los Saicos. Han pasado 50 años desde que César Castrillón, Pancho Guevara y Erwin Flores decidieran formar una banda de rock en su natal Lima. En lugar de cantar torpemente en inglés imitando a las bandas inglesas del momento, rebeldes como siempre fueron durante su corta existencia, decidieron cantar en español y componer sus propios temas, los más viscerales que hubiera escuchado el rock latinoamericano hasta entonces. Es curioso que su primer sencillo exitoso, mismo que llegó al gran público, haya tratado sobre demoler/explotar una estación de tren… eso aunado con su crudo sonido y la frenética forma de tocar los instrumentos fue lo que llamó la atención de quienes comenzaron a escucharlos mucho tiempo después de su desintegración, gracias al descubrimiento por parte del sello español Electro Harmonix.

Si bien es cierto que el sonido de Los Saicos es similar al de bandas como The Thrashmen y sin lugar a dudas estuvieron influenciados por lo que sucedía en el norte, también lo es que las letras y su actitud salvaje los distanciaban de todo lo existente, no solo en Perú o Latinoamérica, sino a nivel mundial, en materia musical. Sorprende a la distancia escuchar a Los Saicos y luego a The Sex Pistols o a The Damned y comprobar su similitud sin dejar pasar por alto la distancia atemporal, cultural y regional entre ellos.

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Fugitivo de Alcatraz, Demolición o El entierro de los gatos, fueron escuchadas mucho tiempo después y muy lejos de donde fueron compuestas. Fueron las canciones que sirvieron para desenterrar a esos precursores del Punk – para evitar la polémica de si lo inventaron o no – del injusto olvido al que fueron condenados, y regresar así a los escenarios como cansadas leyendas vivientes alrededor del 2010. Dieron una gira por varios países e incluso se presentaron en varios festivales musicales peruanos apoyados por el gobierno, el mismo gobierno que décadas antes construía las estaciones de tren con las que ellos fantaseaban destruir. Fue un bonito homenaje, sin embargo, lo visceral, lo espontáneo, la fuerza en los aullidos se quedaron allá, entre el 64 y el 66, en Lima y las presentaciones del Boite o el Cine Tauro. Ahí y en las versiones remasterizadas que nunca nos cansaremos de escuchar.

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